Biografía

   Salvador García Palau, en realidad, sólo lo es desde lejos…, desde cerca, con las gafas de présbice y para todo aquel que se detenga un instante a escucharme, soy Boro.
   Me dicen que vine al mundo en la misma cama que me habían concebido mis padres, pues tales eran los campos de aterrizaje que los humanos teníamos, por aquel entonces, para llegarnos al Planeta…, al menos aquí, en la Bahía de Cádiz y, más concretamente, en La Carraca. Nacer en La Carraca no fue una circunstancia baladí, ya que me condicionó para el resto del viaje. Pues hallarte en un entorno seguro en el que todos los mayores te cuidan y te quieren y en el que todos tus iguales son tus amigos, te hacen ser tremendamente confiado y bien pensado… Después resultó que afuera…, no era así. Tengo entendido que igualito, igualito, le pasó al padre Adán cuando fue arrojado del Edén. A algunos otros también les ha pasado esto…, en realidad, todo aquel que comienza su vida en un Paraíso…, no cría resabios y ya después, es tarde.

   Estudié cosas sin sentido en el colegio de don José Altero de la Carraca que me enseñó a leer en El Quijote, sin enterarme de nada, en la Compañía de María de San Fernando, en San Felipe Neri de extramuros de Cádiz, en el Liceo del Sagrado Corazón de La Isla, en el Colegio de Huérfanos de la Armada en Madrid, en la Facultad de Medicina de la Complutense y en la de Económicas de Málaga…, producto de lo cual son algunos cartones con greca de filigrana que deben colgar en alguna pared de mi ex-casa… De todo lo cual aprendí a tragarme sapos, vomitarlos en los exámenes, recoger papeletas de “aprobado”, olvidar los sapos…, y poco más.

   Comencé a descubrir los mundos que hay en mi cabeza, allá sobre los diez años, cuando estudiaba literatura en San Felipe, con un tal don José que no era cuervo marianista, sino “particular” y que nos leía los clásicos españoles en manoseados libritos de la económica Colección Austral. Nos mandaba hacer redacciones y eso me hizo parar de correr tras la pelota y mirar para adentro…, donde descubrí tal cantidad de caminos y encrucijadas que aún hoy me pierdo en ellos y ellas (sobre todo en ellas). Tienes mucha imaginación, me decía don José, dejándome en la incertidumbre de no saber si aquello sería bueno o malo… Hoy ya no me preocupa, pues he sabido que  nada es bueno o malo, sino relativamente y que el bien y el mal son un invento del hombre para el hombre…, no son universales…

   Nunca he vuelto a estudiar cosas sin sentido…, pero he aprendido mucho, simplemente mirando a mí alrededor, haciéndome preguntas sobre lo visto y buscando respuestas…, el porqué de todo… Y estoy aquí, simplemente, para compartir hallazgos contigo, pues no hallo otro sentido que compense a este continuo "sin vivir" detrás de las respuestas…, que compartirlas.